
El 24 de septiembre se decretó el estado de emergencia en las 3 ciudades donde los índices de delincuencia son mayores; Quito, Guayaquil y Manta.
Se ven operativos en ciertos sectores de la ciudad pero hasta ahora no he visto a un solo militar en las calles (si alguien ha visto uno en hora buena), quienes han estado realizando en gran parte los controles son los vigilantes de la CTG y por ahí uno que otro policía a pesar de que supuestamente para la emergencia aumentaron a 318 el número de patrulleros.
Asumo que los militares estarán más ocupados en la frontera norte donde les conviene estar porque, por sentido común me imagino que han de necesitar más recursos y por ende es negocio tenerlos por esos lares.
En todo caso los resultados no han sido para nada alentadores, en 35 día desde la declaratoria del estado de excepción la delincuencia sigue igual, es más se incrementó en un 30% según datos de la Corporación de Seguridad Ciudadana.
Las cifras son claras los robos agravados pasaron de 75 a 102 al igual que los asaltos a domicilios de 15 a 32 y los locales comerciales de 13 a 25. Ni hablar de los homicidios.
Es común ya para todos nosotros levantarnos y ver sin asombro, como aparecen los cadáveres abaleados, acuchillados y torturados. Lo que si no es costumbre es la paranoia que se ha desatado a raíz de todos estos hechos, cuando uno va manejando su carro y a lado ve una moto, he inmediatamente comienza a sentirse nervioso, cualquiera que camina cerca de nuestros vehículos uno lo ve como sospechoso, cierra cuanta ventana o reja exista en la casa y ni hablar de subirse a un taxi.
Hace algunos días atrás me tocó coger un taxi y recé a hasta llegar a mi casa cuanta oración recordaba en el momento, sin contar que antes de subirme le pedí de favor al chofer que abra la cajuela del carro. No creo que yo sea la única.
Pero bueno como dice la policía estas son meras percepciones de la gente que se altera con uno o dos casos aislados. Ahora me pregunto yo si estando como estamos, es decir con controles exhaustivos en cada esquina (según ellos) que pasará cuando la declaratoria termine (que por cierto es a fines de Noviembre y comienzos de Diciembre, la época donde el hampa crece debido a las fiestas)
La verdad es que todo esto deja un sabor bastante amargo, una enorme incertidumbre y por sobre todas las cosas, una gran decepción. Esperemos que estas no sean las Navidades más negras que se hayan vivido en la historia del país.
Se ven operativos en ciertos sectores de la ciudad pero hasta ahora no he visto a un solo militar en las calles (si alguien ha visto uno en hora buena), quienes han estado realizando en gran parte los controles son los vigilantes de la CTG y por ahí uno que otro policía a pesar de que supuestamente para la emergencia aumentaron a 318 el número de patrulleros.
Asumo que los militares estarán más ocupados en la frontera norte donde les conviene estar porque, por sentido común me imagino que han de necesitar más recursos y por ende es negocio tenerlos por esos lares.
En todo caso los resultados no han sido para nada alentadores, en 35 día desde la declaratoria del estado de excepción la delincuencia sigue igual, es más se incrementó en un 30% según datos de la Corporación de Seguridad Ciudadana.
Las cifras son claras los robos agravados pasaron de 75 a 102 al igual que los asaltos a domicilios de 15 a 32 y los locales comerciales de 13 a 25. Ni hablar de los homicidios.
Es común ya para todos nosotros levantarnos y ver sin asombro, como aparecen los cadáveres abaleados, acuchillados y torturados. Lo que si no es costumbre es la paranoia que se ha desatado a raíz de todos estos hechos, cuando uno va manejando su carro y a lado ve una moto, he inmediatamente comienza a sentirse nervioso, cualquiera que camina cerca de nuestros vehículos uno lo ve como sospechoso, cierra cuanta ventana o reja exista en la casa y ni hablar de subirse a un taxi.
Hace algunos días atrás me tocó coger un taxi y recé a hasta llegar a mi casa cuanta oración recordaba en el momento, sin contar que antes de subirme le pedí de favor al chofer que abra la cajuela del carro. No creo que yo sea la única.
Pero bueno como dice la policía estas son meras percepciones de la gente que se altera con uno o dos casos aislados. Ahora me pregunto yo si estando como estamos, es decir con controles exhaustivos en cada esquina (según ellos) que pasará cuando la declaratoria termine (que por cierto es a fines de Noviembre y comienzos de Diciembre, la época donde el hampa crece debido a las fiestas)
La verdad es que todo esto deja un sabor bastante amargo, una enorme incertidumbre y por sobre todas las cosas, una gran decepción. Esperemos que estas no sean las Navidades más negras que se hayan vivido en la historia del país.
